Maneja el Poder Legislativo desde su despacho en la Casa de Gobierno -para lo que no necesita un botón rojo ni un vicegobernador en actividad-, tiene un "amigo" ocupando la presidencia de la Corte Suprema de Justicia de la provincia, una de las CGT locales le es afín, los gremios estatales -pese a los "grititos de pelea" de la dirigencia- vienen acompañando la política salarial oficial -siempre terminan firmando una tregua-, los partidos opositores parecen estancados -electoralmente hablando-, no le hacen sombra ni muestran que vayan a hacerle peligrar su re-reelección-; al PJ lo conduce a través de su esposa y de la lealtad de los peronistas -que militan desde puestos públicos: ministerios, intendencias, secretarías, bancas legislativas, etc-, la Nación no le niega recursos para su gestión -y hasta lo premió con la refinanciación de la deuda pública, lo que para él significa la coronación de su administración-, en cada elección sumó votos de a cientos de miles lo que -más allá del "clientelismo institucionalizado"- implicó un respaldo popular y masivo a su gobierno; y ahora tiene la chance de ser candidato a vicepresidente de la Nación por el kirchnerismo, acompañando a Néstor Kirchner -más a este- o a Cristina Fernández. Entonces, ¿qué adversarios de fuste tiene el gobernador, José Alperovich, en su futuro?, o bien ¿a qué le teme en su carrera política? Lista rápida: autoconvocados de la salud, demandas salariales desmedidas, implosión económica, concienzudos planteos legales contra la habilitación constitucional a su tercer mandato -y el consiguiente visto bueno por parte del alto tribunal-, y, aunque no parezca, la invitación a ser el segundo del santacruceño en la lista "K".

Hasta el momento, fue desactivando con fortuna los focos de conflicto que se le presentaron, aunque dejó abiertas algunas puertas para que se desmadren otros, tal el caso de la protesta en el área de la salud, donde los profesionales autoconvocados no cesan en sus exigencias reivindicativas. Algunos colaboradores del propio Alperovich entienden que este no se anima a tomar una determinación para poner coto a la protesta. Claro que hablan de medidas drásticas, que no comulgarían con el pensamiento del titular del Poder Ejecutivo. Piensan en desplazamientos, sanciones y otras resoluciones duras para "ablandar" la prolongada protesta. Sin embargo, al gobernador pareció disgustarle la iniciativa. No apostó a esa vía. ¿A cual entonces? En apariencia, al desgaste y al cansancio, ya que a eso pareció dirigir su atención cuando, a través del desteñido ministro Pablo Yedlin, sugirió la agremiación de los autoconvocados para ser escuchados por el PE. Una maniobra para patear para más adelante la solución al conflicto y para menguar la tensión, cosa que no sucedió frente a la tozudez de los médicos que siguen con sus movilizaciones callejeras reclamando cosas justas. Algo debilitó al movimiento ya que indujo a sus protagonistas a enfrascarse en un debate interno sobre la conveniencia o no de convertirse en una agremiación.

Valga este hecho para recordar viejas luchas obreras, donde la legitimidad de la protesta no iba acompañada de la legalidad del protestante; lo que generaba debates entre los propios trabajadores en cuanto a qué era más necesario en la pelea reivindicativa: si la legitimidad de la demanda o la legalidad de la organización que la motorizaba. De ese juego sacaba provecho siempre el patrón, sea quien sea, una entidad privada o el propio Estado. Hoy se actualiza esa antigua disputa que ponía frente a frente a los sindicalistas de la calle y a los "burócratas" del escritorio. Los autoconvocados tienen la legitimidad de la exigencia, pero a entender del Gobierno carecen de la legalidad suficiente para sentarse a la mesa de negociaciones; para eso están los gremios con personería jurídica avalada por el Ministerio de Trabajo de la Nación. Ese debate gremial no cerró aún, y se actualizó en los hospitales donde, vaya paradoja, el proceso puede dejar heridos.

Dividir para reinar
Retomando el tema de los autoconvocados; hasta la sindicalización del grupo manifestante podría convertirse también en una victoria chiquita para el Gobierno, si se parte del famoso "divide y reinarás". Más si se tiene en cuenta que hasta el Colegio Médico anda promoviendo su conversión en sindicato. Otro más en la grilla. ¿Será más fácil la negociación entre tantos? Dependerá de la habilidad de los "negociadores" que elija el titular del PE. Un hombre que demostró algo de "muñeca" para este rubro es Edmundo Jiménez, quien siempre parece salir en auxilio de sus pares -Yedlin y Silvia de Temkin- cuando se endurecen las tratativas con la sanidad o Educación. Es un aspecto que no puede descuidar Alperovich si es que está mirando más allá de octubre de 2011, y si se ve ocupando otra vez la gobernación de Tucumán. En síntesis, "conflicto" es la palabra a la que le teme. Y "autoconvocados" es un sinónimo en su diccionario de gestión.

Un entredicho que destrabó, en apariencia, fue el que mantenía con los abogados. Esta semana les envió una señal positiva al anunciar la reforma de leyes que afectaban el desempeño de los letrados y de la entidad que los nuclea. Si se recuerda el origen de la pelea, y que concluyó con una ley que afectó a los profesionales de la Justicia, se verá que la Constitución está en el medio. Los letrados cuestionaron aspectos de la reforma que rozaban la posibilidad de la reelección. En estos días, las autoridades de los abogados hablaron del reinicio de un nuevo diálogo institucional, que en el fondo puede convertirse en un diálogo político. ¿Por qué era importante para Alperovich cambiar la legislación cuando había cierta paz en las relaciones? Es la pregunta. Lo cierto es que los letrados tendieron puentes con hombres del oficialismo, en charlas en las que mencionaban reiteradamente la necesidad de barajar y dar de nuevo.

Finalmente, Alperovich mira con cierto recelo su teléfono privado. Le teme a la llamada de los patagónicos. Esa comunicación que le diga "te necesitamos como candidato a vice". Y no podrá decir que no; eso le preocupa. Sin embargo, aún hay tiempo para esa cita. En el medio, hay que gestionar. Lo cierto es que hasta que eso se produzca, la incertidumbre gobernará al peronismo tucumano. ¿Por qué? Porque algunos, en el círculo áulico del poder saben que Alperovich apuesta a su re-reelección y que sólo piensa en ese sentido. Es el plan "A". Si no sucede, y debe ser postulante a vice de Néstor, lo que se comenta es que "no está el plan B". Y es por una simple cuestión, hasta que no se verifique esa llamada, el núcleo alperovichista no diagramará una alternativa de juego. De todas formas, a medida que caigan los meses y se acerque marzo -que pinta como el mes clave- los cerebros no se van a quedar quietos. La ambición no descansa, centralmente en el peronismo.